Bodegón con busto

Un busto de escayola blanco, un paño y un plato. Esto es lo que nos puso la profesora que nos toco aquel año, quería que pintáramos del natural y nos ponía unos bodegones que para pintarlos teníamos que tener muchas ganas y voluntad para hacerlo.
No recuerdo en realidad cual de las profesoras fue la que nos puso esto, pero lo cierto es que casi todos los profesores quieren enseñarnos como debe de ser, primero a dibujar del natural para seguir con la pintura, pero ¡ay! que difíciles somos los mayores, la mayoría se negó a pintar estas cosas, entre ellas recuerdo una maleta vieja con unos zapatos y algo más, ahí si que me negué yo a pintar. ¡Era horrible!  y muy difícil para nosotras. La perspectiva de la maleta abierta, asomando el zapato, era imposible para mi y mis compañeras. Así que quedamos con la profesora que a partí de la semana siguiente, cada una se llevaría una lamina o fotografía que le gustara para pintarla.
A fin de cuentas lo que nos lleva a asistir a estas clases es ante todo el relacionarnos, tener un motivo para salir de nuestras casas, hablar con otras personas y hacer amistades. A todos nos une la afición por la pintura, unos ya sabían de su gusto por ella, otros la descubren en estos talleres y se convierte en su entretenimiento preferido.
Cada uno hace lo que puede, muchos de ellos se sienten satisfechos de sus creaciones y felices, ya es un logro conseguir que tantas personas mayores, un día a la semana se olviden de sus males y tristezas concentrándose, durante tres horas, en su obra de arte que los llena de satisfacción y alegría.  
 
 
                                                                     











El pescador

No recuerdo la fecha de este cuadro, puede que lo pintara en el año dos mil. Una de mis hermanas tenía unos cuadros antiguos muy estropeados, pero con unos motivos muy bonitos, quería que le pintara uno, el que a mí me gustara, escogí este que fue el que me gusto en ese momento. Estaba muy oscuro por el paso del tiempo, lo limpie un poco y lo empecé en un lienzo que ella me dio de una sobrina que empezó a pintar y más tarde lo abandono. Es el más grande que he hecho en mi vida. 
Me gustó copiarlo por que a pesar de lo estropeado que estaba se distinguían los colores y yo nunca había copiado de una pintura  natural. 
Es completamente diferente a pintar de fotografía de pinturas y no digamos ya de fotocopias de estas fotografías. 
No hace mucho le pregunte a mi hermana por los cuadros y me lleve un pequeño disgusto al enterarme que mi cuñado los había dado entre otras cosas que no le servían.
Me hubiera gustado tenerlos para copiarlos, se veían perfectamente las pinceladas y se podía aprender de ellos. 
Espero que si alguna vez se deshace de algún cuadro viejo me pregunte si lo quiero para copiarlo.
Este paisaje con la casa junto al río, las dos ovejas lanudas y el muchacho pescando, lo hice en casa sin asesoramiento de profesores, el lienzo era muy grande para traer y llevar al taller, así que me puse la tarea de hacerlo sola con lo poco que sabía, no conseguía darle profundidad al camino ni caída al desnivel así  que cuando me canse de intentarlo lo di por terminado.
A mí hermana parece que le gusto, lo enmarcó y lo colgó en su casa.
Y a mí me agrado hacerlo, tiene una bonita composición que es lo importante en una pintura, y los colores eran de los que me gustaban y solía utilizar en mis pinturas.

Marinela







El pueblo árabe

Esta pintura la he llevado hoy día veintiuno de mayo, con otras dos hechas este año con mi profesor Vicente Regidor a la exposición del distrito, para exponer con todos los compañeros de curso en el distrito de Los Remedios , que está en c/ República Argentina nº 25 planta 3º 
Este cuadro, desde que ví la fotografía en una revista, me llamo la atención por el color y los personajes, era más alargada, le hubiera venido bien un formato de lienzo de paisaje, pero no lo tenia en ese momento, ni yo había pensado hacerlo, lo tenia reservado para cuando tuviera más practica, más que nada por las figuras que me parecían muy difíciles por las ropas. Lo llevaba entre otros más adecuados para este lienzo, pero cuando mi profesor lo vio, le gusto tanto como a mí y me animo a hacerlo. 
Con las casas no hubo problemas, cuando llegue a las figuras no sabia por donde meterles manos, pero Vicente, que en su humildad no ha querido que conozcamos su obra como pintor, me dio las primeras nociones. Hoy me han hablado de que es un gran artista y muy completo. Lo han alabado como persona y como gran pintor. Todos le queremos y apreciamos el interés que se toma en enseñarnos.
A esta pintura, le quite algunos personajes y les puse otros, uno de ellos no tiene cara, un día queriéndola mejorar la borre y se quedo así. 
Esto me lleva a la reflexión, de que la mayoría de seres de este mundo es invisible para la otra gran mayoría. 
Los que tienen, no ven a los que no tienen. Este hombre sin cara representa a todos aquellos que viven fuera de nuestros intereses, aquellos que materialmente no pueden aportarnos nada, hacemos que se hagan invisibles antes nuestros ojos, no queremos sufrir viendo el sufrimiento ajeno, con verlo en las televisiones, sentir el morbo que provoca ver las desgracias ajenas y apagar el aparato en el momento en que alguna de la fibra de nuestro ser se conmueve, cumplimos con la sociedad, con los desposeídos, con los invisibles.   
    


   

La charca

Esta pintura tiene seis años, creo recordar que también fue un año de lluvias, puede que no tanto como este, pero también hubo riadas y muchos campos se anegaron como el de esta fotografía de la que saque este cuadro. 
Venia en un periódico como noticia y a mi me gusto y la recorte y guarde, hasta que un día me dio por pintarla.
No se que clase de árboles eran, tenían unas hojas menudas pero no tenían la forma de los olivos.
Me hubiese gustado que quedara más definida la variedad de árboles que he pintado, pero no tengo ni idea como se pueden llamar ni a la familia a la que pertenecen. Tampoco yo he sabido darle las formas correctas para averiguar que árboles son. Ya no creo que tenga tiempo ni memoria para aprender a pintar árboles con la personalidad de cada uno.
Lo pinte sola en casa, sin los consejos del profesor.
Pero bueno, ¡que más da! a mi lo que me gusto fue el agua que servia de espejo y la composición del tema.








El algodón de azúcar

Ayer tarde fui a Tomares, estaba el día nublado y me encontré con este cielo de nubes, las bajas, oscuras como para descargar su agua, y las blancas parecían algodones dulces, ¡sí, de esos de las ferias! Ahora los tiñen de rosa, pero cuando yo era niña, todos eran blancos. ¡Como me gustaban y me gustan! Metía la cara en el algodón y al retirarla me traía un bocado y un pegote en la nariz pegado. Me daba risa y disfrutaba de lo lindo con solo aquel palo, envuelto en aquel algodón dulce y pegajoso que me dejaba las manos pegadas sin poder tocar nada, me chupaba los dedos intentando quitarme el azúcar, así hasta llegar a la caseta donde me las lavaba. 
¡Que pena! que poco tiempo duraba aquel sabor dulce en mi boca, pero más pena me da, que gustándome tanto, no sea capaz de compradme uno cuando veo un puesto de algodones, pero se por que es; me veo con el pegote de algodón en la nariz y las manos pegajosas. 
¡Ahora que lo pienso! En algún sitio de por aquí, he visto un algodonero, echaré toallitas de esas mojadas en el bolso, y la próxima vez me compraré uno ¡Lo prometo! Cerraré los ojos y me trasportaré a la feria de abril, a mis siete años, cuando me comía el algodón.


Las flores copiadas

  No hace mucho, navegando por Internet di con un vídeo de un pintor que enseñaba como se pintaban las flores, viéndolo parecía facilísimo y me acorde de este cuadro y del trabajo que me costo copiarlo. No encontraba la manera de dar forma a estas flores y conseguir que fueran todas diferentes, notándose la  variedad de plantas que había en el jarrón.
Con mucho esfuerzo y muy desanimada, fui dando pinceladas, intentando copiar lo que tenia delante de mis ojos, una fotocopia, toda desvaída en color y contrastes. Los colores no eran los míos, los copie lo mejor que pude, pensando que el original seguramente tenia un colorido más fuerte, así que les subí un poco el tono a las flores y hojas para que no quedara tan apastelada la pintura.
La vida es como la pintura, hay que usar el pincel con las emociones, cuando estas se oscurecen, hay que poner un poco de color y un poco de luz para no agobiarnos con la oscuridad.
El cuadro de la vida nunca esta pintado a gusto de todos, pero en nuestra privacidad cada uno es libre y tiene la opción de dar pinceladas de diferentes colores a aquello que este en nuestra mano y que podamos cambiar, empezando por uno mismo, es difícil pero no imposible si se pone voluntad.


La copia del otro

Este es otra de mis pinturas, y esta fue la segunda vez que copiaba este motivo. A mi hija mayor le gusto el primero que pinte y me pidió que le pintara uno para ella.
Como soy muy mala copiadora, no salio igual que el primero, pero a ella le gustó y se lo llevo para su casa.
La fotografía, esta regular, no consigo hacer las fotos de los cuadros derechas, y es por culpa del gran angular, según tengo entendido. O soy yo que no consigo encuadrar bien a pesar de la cuadricula que le tengo puesta a la pantalla de la cámara, la mía es muy sencilla, y pocas cosas puedo cambiar.
Hecho de menos las fotografías que hacíamos antaño con nuestras cámaras réflex, aquellas que se les cambiaba los objetivos, o no se les cambiaba, pero si tenían las opciones de cambiar la velocidad y el diafragma, y puede que algunas cosas más que ya después de tantos años no las recuerdo.
Lo que si tengo claro es que íbamos a todas partes con las cámaras de fotos y nuestro carretes en blanco y negro, después revelaba la película mi esposo y entre los dos las pasábamos al papel en el laboratorio improvisado, que en cada casa a la que nos mudábamos por motivos de trabajo, montábamos.
Era nuestro hobby, nuestra distracción, para aquella época que pocas distracciones teníamos en los pueblos. Hablo de 1973, que fue cuando le compramos la ampliadora a nuestro vecino Manolo quien nos aficiono a esto de revelar nuestras propias  fotografías.
La fotografía lleno muchas de nuestras horas y días de descanso, gracias a ella conservo muchos momentos de reuniones familiares y las imágenes de mis hijos conforme iban creciendo.
Hoy con las cámaras digitales es distinto, no tiene tanta emoción como cuando te entrabas en el cuarto oscuro y encendías la luz roja. A través de la lente de la ampliadora, atravesada por una fuerte luz, veías las imágenes en negativo, y después de unos minutos bajo la luz, dejabas el papel dentro de la bandeja donde estaba el revelador y observabas como salían las imágenes en positivo sobre el.
Muchas veces, los pocos minutos de espera se convertían en alegría de ver una buena foto, otras en frustración, la foto era mala.
Eso nos pasa con muchas personas, al conocerlas les hacemos una fotografía mental y hasta  pasado un tiempo no vemos si es buena o nos equivocamos.